2 de diciembre de 2011

Especialización, colaboración y comercio: Energía para la rueda del progreso



Cuando, sobre todo a principios de siglo (qué raro se me hace decir esto aludiendo al SXXI -se nota que me hago mayor) los grupos anti-globalización pusieron el foco en la propia globalización en lugar de en los problemas que ésta conllevaba, se condenaron a sí mismos, o mejor, condenaron su lucha.


La globalización, en abstracto, no es que sea buena o mala (aunque tiendo a pensar que a largo plazo es buena), es que es inevitable, y por tanto, luchar contra ella carece de sentido. La globalización, como la revolución industrial, forma parte del progreso tecnológico y del desarrollo de la humanidad y, como la propia revolución industrial, trae sus propios problemas, pero, como con élla, los beneficios compensan con creces los problemas.


En cuanto a lo malo, que lo hay, lo cierto es que cuando todo está interconectado, si algo se contamina y no se toman las medidas oportunas, el mal se extiende.  En una economía global, los problemas son globales.  En este sentido, la globalización implica asumir un mayor riesgo de contagio generalizado.  De Pandemia.

Por tanto, la globalización, aunque suaviza los efectos locales de una depresión y hace más improbable que surja o mejor, que se mantenga (ya que se pueden implicar muchos más recursos para combatirla), al contrario de lo que sugería nueva economía, no nos protege de una crisis sistémica (a la vista está).

Sin embargo, ni siquiera que los problemas sean globales me parece algo necesariamente negativo.  Vivimos en un planeta que ha dejado de ser un mundo para convertirse en un patio de vecinos.  Los problemas de nuestros vecinos ahora son los nuestros, lo queramos o no.  Y eso se me antoja positivo en el sentido de que nos obliga a coger el toro por los cuernos y acometer problemas a los que hasta habíamos decidido estar ciegos.  No, ya no podemos permanecer ajenos al hambre, a las guerras, y en general al sufrimiento de nuestros vecinos, aunque sólo sea porque si no hacemos nada, su sufrimiento será el nuestro.

En cuanto al riesgo de contagio de los problemas económico-financieros, no hemos de asumirlo como algo inevitable.  Como con cualquier infección, Identificar y diagnosticar correctamente y en una fase temprana los fallos de mercado y adoptar con rapidez un paquete de medidas adecuado (con acciones económicas o incluso legislativas que pueden incluir tratar o incluso aislar al enfermo), es imprescindible para evitar males mayores.

Y lo más importante: La globalización favorece el comercio y promueve la especialización y la cooperación.Desde un punto de vista antropológico son muchos los autores que consideran al comercio (trueque) y a la especialización (maestría) como los principales factores de nuestro éxito como especie. En la medida en que se nos abren nuevos mercados, surgen nuevas oportunidades para colaborar, especializarnos y comerciar.

Especialización, colaboración y comercio, tres de las grandes fuerzas que hacen que esa gran rueda que ahora parece que se haya detenido, siga girando.


23 de noviembre de 2011

La rueda del progreso

A finales de los 90 emergió con fuerza una corriente de opinión (y quizá de presión) llamada nueva economía que (simplificando mucho) propugnaba que el paso de una economía industrial a otra basada en el conocimiento había permitido, en la práctica, erradicar los ciclos económicos; y que una crisis de cierta profundidad (de la profundidad, digamos, de la que estamos viviendo) no era posible. Y citaba como factores desencadenantes y determinantes de esta nueva situación a la globalización, a los nuevos métodos de gestión empresarial y sobre todo, a la tecnología.

Sin duda sobrevaloraron el potencial de estos factores para evitar una crisis, pero quizás, y ésta es la tesis que, a contracorriente, defenderé en este artículo, tampoco andaban tan desencaminados. Y es que, cuando se exagera una posición (como hicieron los de nueva economía), se corre el riesgo de una reacción contraria y a su vez exagerada, lo que, en este caso, nos llevaría a negar el valor de la tecnología como motor del progreso y, en mi opinión, a incurrir en un error mayor aún que el primero.

Esta es mi tesis: Que estos tres factores, o mejor, sus alter egos (que os presento a continuación), aunque no pueden evitar que se produzca una crisis sistémica, mantienen intacta su capacidad  para impulsar el progreso y el bienestar de nuestra sociedad. O lo que es lo mismo, que...
La globalización, o mejor las posibilidades de especialización y comercio que un mercado mundial introduce;
los nuevos métodos de gestión, o mejor la generalización de una nueva visión empresarial que nos lleve a fomentar la innovación, a valorar el talento, a  recompensar la productividad, a premiar la perseverancia, a desarrollar la ilusión y la positividad, a promover el trabajo en equipo, a impulsar la inciativa individual y a eliminar barreras y tender puentes entre empleados y empleadores...
... y la tecnología, o mejor las tecnologías de la información, elemento omnipresente en cualquier tecnología del SXXI, por su capacidad para gestionar ingentes volúmenes de información y facilitar la colaboración y la interconexión de cerebros...

... [estos tres factores] juegan, en el progreso y la mejora de las condiciones de vida de la humanidad, un papel que se me antoja fundamental, decisivo y, salvo catástrofe ambiental endógena (cataclismo climático, guerra sistémica, ...) o exógena (¿asteroide tipo armagedón?), inexorable.

Vemos ya que según mi visión del mundo, estamos condenados a progresar... mientras sigamos desarrollando tecnología; pero, ¿seguiremos desarrollando tecnología "ad eternum"?.  Pues bien, sin duda los nuevos métodos de gestión e incluso la especialización, colaboración y comercio que provee la globalización, son de ayuda; pero es la propia tecnología (y fundamentalmente las tecnologías de la información) la que, en un extraordinario círculo virtuoso, facilita la creación de nueva tecnología.

En próximos artículos analizaremos en mayor detalle el papel que estos tres elementos juegan en el progreso de la sociedad; sin embargo, para completar la visión general que pretendemos ofrecer en este artículo, no podemos olvidarnos de incluir un cuarto elemento: El marco legislativo.  Si el marco legislativo que regula el modo en que interaccionan individuos, empresas y gobiernos no favorece, fomenta y protege la iniciativa, la innovación tecnológica, la colaboración y el comercio (que es lo mismo que decir que la creación de riqueza), es posible que algún día la rueda del progreso quede atascada (la historia nos provee de un buen número de ejemplos).

El legislador juega un papel fundamental como garante de los derechos de los ciudadanos; de su bienestar e incluso felicidad.  El marco legislativo debe facilitar que la sociedad evolucione hacia una mayor justicia social y un adecuado reparto de la riqueza (entre otras cosas porque una sociedad más justa e igualitaria es más proclive a verse favorecida por la rueda del progreso).  Pero el marco legislativo no puede olvidar favorecer la generación de riqueza.  El legislador ha de procurar que seamos iguales en la riqueza (no en la pobreza), y que tengamos las mismas oportunidades (no que seamos clones).  En el juego del desarrollo tecnológico el legislador tiene un gran poder, y por tanto una gran responsabilidad (¿quién dijo eso? #).

Finalmente, si todo va bien, si el legislador está acertado en sus restricciones legales y si los avances tecnológicos nos permiten obtener la energía necesaria para alimentar el sistema sin degradar nuestro planeta (“EL TEMA”, en mayúsculas de los próximos años), esta época de prosperidad sin precedentes se mantendrá.  Y aunque es verdad que el propio progreso nos llevará a sentir que somos los únicos dueños de nuestro propio destino e incluso a sentirnos Dioses, la realidad de nuestra condición humana, junto con alguna (in)oportuna crisis nos hará caer de la burbuja de turno y volver a sentir el duro suelo en nuestras costillas. Lo pasaremos mal.  Lo estamos pasando mal.  Pero no hay que olvidar que desde ahí, desde la humildad de nuestra nueva posición, seguiremos avanzando.  Somos animales tecnológicos y desarrollar tecnología y progresar está en nuestra naturaleza.

Como veis, soy optimista. Quiero ser optimista. Queremos ser optimistas en clave de sol.

La realidad que quiero ver es que, pese a las crisis, pese a las desigualdades flagrantes, pese a los focos de pobreza y a las injusticias manifiestas, y pese a quien pese, vivimos en la sociedad (humana) más próspera, igualitaria y feliz que ha pisado la faz de la tierra (incluso en países pobres, en general, se vive mejor ahora que en cualquier otro momento en el pasado. Sé que defender esto en este momento de depresión, es complicado, pero echemos la vista atrás y pensemos en cómo vivíamos hace sólo 30 años - y no digamos si les preguntamos a los chinos).

Es éste un legado, el del progreso, que no sólo hemos de proteger, sino que hemos de continuar abonando. Y no porque la tecnología esté en nuestros genes y progresar forme parte de nuestra naturaleza, sino porque los nobles principios que hemos ido incorporando a nuestra convivencia, y el bienestar que el progreso nos ha procurado, siguen sin alcanzarnos a todos.  Especialización, tecnología, comercio, innovación, riqueza, progreso, justicia social,... Esta es la gran rueda del progreso que hemos construido a lo largo de los últimos siglos. ¿seremos tan estúpidos de dejar que pare?

11 de noviembre de 2011

Infonova... en clave de sol

Mientras el mar se enfurece, el río suena y el viento arrecia en las montañas.
Mientras algunos brindan con champaña y otros, los más, sufren condena.
Mientras nos dejamos seducir por cantos de sirena y la crisis se nos cuela en las entrañas.
Mientras tanto...
Nosotros preferimos ver la vida medio llena.
En Infonova, nos gusta sentir el sol por las mañanas.

En Infonova preferimos ver la vida en clave de Sol.

En clave de Sol hablaremos de Tecnologías de la Información, y de cómo éstas pueden contribuir al progreso y bienestar de la sociedad; pero lo haremos buscando aproximaciones tangenciales, perspectivas singulares, puntos de vista insólitos...

Y es que este enclave de Sol se encuentra en cualquier lugar donde surja un manantial de energía creativa o brote una fuente de nueva información. Está en cualquier momento en el que el ingenio humano aparece para resolver lo irresoluble.  Está en cualquier instante en el que coinciden dos o más mentes que interactuan, que se retan, que colaboran.

Pero nuestro enclave de Sol, más allá de la propia realidad, donde se puede encontrar es en el mundo interior del propio observador:
Lo podemos ver en una actitud crítica o en una mirada limpia, sincera, inocente y libre de prejuicios.
Lo encontraremos en un enfoque inverosímil o en un encuadre imposible.
Lo hallaremos en el trasfondo de un discurso que, sin caer en la utopía, se exige ver (también) el lado positivo de las cosas.
Lo podemos identificar en un diagnóstico que no se contenta con señalar el problema, sino que plantea una solución.
Lo conseguimos adivinar tras un planteamiento que no salta al consecuente sino tras haber asentado las premisas y seguido la cadena causal.

Desde aquí, afianzados firmemente en nuestra fe en la razón y en la tecnología (y en la bondad de la naturaleza profunda del ser humano), trataremos de aportar ideas, reflexiones y un mensaje de optimismo, progreso y desarrollo tecnológico.

Así, utilizando esta clave, y con tu permiso y colaboración trataremos de hacer de este sitio un verdadero enclave de Sol.