A finales de los 90 emergió con fuerza una corriente de opinión (y quizá de presión) llamada nueva economía que (simplificando mucho) propugnaba que el paso de una economía industrial a otra basada en el conocimiento había permitido, en la práctica, erradicar los ciclos económicos; y que una crisis de cierta profundidad (de la profundidad, digamos, de la que estamos viviendo) no era posible. Y citaba como factores desencadenantes y determinantes de esta nueva situación a la globalización, a los nuevos métodos de gestión empresarial y sobre todo, a la tecnología.
Sin duda sobrevaloraron el potencial de estos factores para evitar una crisis, pero quizás, y ésta es la tesis que, a contracorriente, defenderé en este artículo, tampoco andaban tan desencaminados. Y es que, cuando se exagera una posición (como hicieron los de nueva economía), se corre el riesgo de una reacción contraria y a su vez exagerada, lo que, en este caso, nos llevaría a negar el valor de la tecnología como motor del progreso y, en mi opinión, a incurrir en un error mayor aún que el primero.
Esta es mi tesis: Que estos tres factores, o mejor, sus alter egos (que os presento a continuación), aunque no pueden evitar que se produzca una crisis sistémica, mantienen intacta su capacidad para impulsar el progreso y el bienestar de nuestra sociedad. O lo que es lo mismo, que...
La globalización, o mejor las posibilidades de especialización y comercio que un mercado mundial introduce;
los nuevos métodos de gestión, o mejor la generalización de una nueva visión empresarial que nos lleve a fomentar la innovación, a valorar el talento, a recompensar la productividad, a premiar la perseverancia, a desarrollar la ilusión y la positividad, a promover el trabajo en equipo, a impulsar la inciativa individual y a eliminar barreras y tender puentes entre empleados y empleadores...
... y la tecnología, o mejor las tecnologías de la información, elemento omnipresente en cualquier tecnología del SXXI, por su capacidad para gestionar ingentes volúmenes de información y facilitar la colaboración y la interconexión de cerebros...
... [estos tres factores] juegan, en el progreso y la mejora de las condiciones de vida de la humanidad, un papel que se me antoja fundamental, decisivo y, salvo catástrofe ambiental endógena (cataclismo climático, guerra sistémica, ...) o exógena (¿asteroide tipo armagedón?), inexorable.
Vemos ya que según mi visión del mundo, estamos condenados a progresar... mientras sigamos desarrollando tecnología; pero, ¿seguiremos desarrollando tecnología "ad eternum"?. Pues bien, sin duda los nuevos métodos de gestión e incluso la especialización, colaboración y comercio que provee la globalización, son de ayuda; pero es la propia tecnología (y fundamentalmente las tecnologías de la información) la que, en un extraordinario círculo virtuoso, facilita la creación de nueva tecnología.
En próximos artículos analizaremos en mayor detalle el papel que estos tres elementos juegan en el progreso de la sociedad; sin embargo, para completar la visión general que pretendemos ofrecer en este artículo, no podemos olvidarnos de incluir un cuarto elemento: El marco legislativo. Si el marco legislativo que regula el modo en que interaccionan individuos, empresas y gobiernos no favorece, fomenta y protege la iniciativa, la innovación tecnológica, la colaboración y el comercio (que es lo mismo que decir que la creación de riqueza), es posible que algún día la rueda del progreso quede atascada (la historia nos provee de un buen número de ejemplos).
El legislador juega un papel fundamental como garante de los derechos de los ciudadanos; de su bienestar e incluso felicidad. El marco legislativo debe facilitar que la sociedad evolucione hacia una mayor justicia social y un adecuado reparto de la riqueza (entre otras cosas porque una sociedad más justa e igualitaria es más proclive a verse favorecida por la rueda del progreso). Pero el marco legislativo no puede olvidar favorecer la generación de riqueza. El legislador ha de procurar que seamos iguales en la riqueza (no en la pobreza), y que tengamos las mismas oportunidades (no que seamos clones). En el juego del desarrollo tecnológico el legislador tiene un gran poder, y por tanto una gran responsabilidad (¿quién dijo eso? #).
Finalmente, si todo va bien, si el legislador está acertado en sus restricciones legales y si los avances tecnológicos nos permiten obtener la energía necesaria para alimentar el sistema sin degradar nuestro planeta (“EL TEMA”, en mayúsculas de los próximos años), esta época de prosperidad sin precedentes se mantendrá. Y aunque es verdad que el propio progreso nos llevará a sentir que somos los únicos dueños de nuestro propio destino e incluso a sentirnos Dioses, la realidad de nuestra condición humana, junto con alguna (in)oportuna crisis nos hará caer de la burbuja de turno y volver a sentir el duro suelo en nuestras costillas. Lo pasaremos mal. Lo estamos pasando mal. Pero no hay que olvidar que desde ahí, desde la humildad de nuestra nueva posición, seguiremos avanzando. Somos animales tecnológicos y desarrollar tecnología y progresar está en nuestra naturaleza.
Como veis, soy optimista. Quiero ser optimista. Queremos ser optimistas en clave de sol.
La realidad que quiero ver es que, pese a las crisis, pese a las desigualdades flagrantes, pese a los focos de pobreza y a las injusticias manifiestas, y pese a quien pese, vivimos en la sociedad (humana) más próspera, igualitaria y feliz que ha pisado la faz de la tierra (incluso en países pobres, en general, se vive mejor ahora que en cualquier otro momento en el pasado. Sé que defender esto en este momento de depresión, es complicado, pero echemos la vista atrás y pensemos en cómo vivíamos hace sólo 30 años - y no digamos si les preguntamos a los chinos).
Es éste un legado, el del progreso, que no sólo hemos de proteger, sino que hemos de continuar abonando. Y no porque la tecnología esté en nuestros genes y progresar forme parte de nuestra naturaleza, sino porque los nobles principios que hemos ido incorporando a nuestra convivencia, y el bienestar que el progreso nos ha procurado, siguen sin alcanzarnos a todos. Especialización, tecnología, comercio, innovación, riqueza, progreso, justicia social,... Esta es la gran rueda del progreso que hemos construido a lo largo de los últimos siglos. ¿seremos tan estúpidos de dejar que pare?